Cuando los juicios de familia no terminan

La disputa interminable

 

Muchas veces, los abogados de familia notamos que las partes del conflicto son reacias a arribar una solución.

 

Rechazan por encontrarlas insatisfactorias las posibilidades de conciliación que surgen durante el juicio, y cada logro que alcanzan les parece insuficiente. De esta manera, resulta que cada proceso –una vez terminado- deriva en otros; múltiples incidentes, ejecuciones y conexidades se abren para ventilar cada una de las cuestiones que hacen a la vida de esta familia, prolongando indefinidamente las disputas cuyas motivaciones muchas veces están por fuera del derecho.

Es así como lo que empezó como un divorcio termina en una multiplicidad de juicios, referidos a cuestiones relacionadas, como por ejemplo aumentos y disminuciones de cuotas alimenticias, pedidos de autorización de viajes con los hijos, cambios de colegio, medidas cautelares por los bienes que aún quedan en común.

Este despliegue determina un alto costo emocional, de tiempo y de recursos económicos para los padres y también para los hijos, además de una pérdida importante de recursos de todo tipo en la administración de justicia. Muchas veces los juzgados deben dedicar gran parte de sus recursos humanos y temporales a una sola familia que no encuentra la manera de progresar sin judicializar sus diferencias.

Sin importar el resultado de cada juicio, esta guerra interminable tiene sin duda consecuencias en los hijos, testigos involuntarios de estas batallas que aunque no los involucren directamente los afectan indudablemente. Los niños sufren al ver que las personas que mas aman distraen sus esfuerzos y su atención, y muchas veces hasta se sienten responsables de la pelea.

En familias cuyas controversias tienden a convertirse en crónicas, el papel de los abogados de las dos partes –como expertos en el tema pero terceros en cuanto a la disputa relacional- resulta fundamental para hacerles ver las ventajas de dar fin a una escalada que –aunque implique “triunfos parciales” siempre tiene consecuencias desventajosas, sobre todo para los niños.

La experiencia nos permite reconocer estos casos en que lo que está en juego excede las cuestiones legales, y ha pasado a ser una exhibición de viejos rencores y una lucha de poder a la que –por el bien de ambas partes- es necesario pone fin. Y un abogado especializado sabrá también aplicar técnicas de comunicación y negociación y que den como resultado una solución beneficiosa para todos.

Para ello es imprescindible hacer ver a los clientes que una concesión no implica derrota, siempre que traiga aparejada a su vez concesiones de la otra parte, y se reconozca en ambos buena fe y espíritu de cooperación.

 

 

 

 

 

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