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Secuestro de un hijo por su propio padre: ¿qué hay detrás?

Una noticia aparecida en el diario El Mundo de España da cuenta de la existencia de una empresa dedicada a la restitución de menores, con sede en Málaga, España, que ha realizado más de doscientos operativos de restitución de niños como el que se describe en la nota.

En ella nos cuentan la situación de una familia noruega, en la que el padre del pequeño Michael, de 10 años de edad, decidió contratar a esta empresa privada para que recupere a su hijo -cuya custodia supuestamente detenta- que estaba siendo retenido por la madre, quien lo habría secuestrado del lado de su padre en Noruega y llevado a España ilícitamente. La operación fue exitosa, y Michael hoy está de regreso en Noruega.

Surge del artículo que la organización que intervino en esta operación no es la única que opera en Europa dedicándose al negocio del reintegro de menores supuestamente secuestrados, y que se trata de un negocio en alza en España. Se relata además que para que el padre y el tío del menor –que tomaron parte del operativo- no fueran detenidos en España y consiguieran abordar un vuelo de regreso a Noruega con él, intercedió nada menos que la policía noruega.

Esta noticia es una señal de alarma para todos aquellos que nos dedicamos a restituciones internacionales, porque implica nada menos que la institucionalización de las vías de hecho para resolver un problema que cuenta con marco legal apropiado.

En efecto, la Convención de La Haya sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores es el instrumento aprobado y ratificado por alrededor de cien países en el mundo, que garantiza la legalidad del procedimiento y –sobre todo- el bienestar de los niños involucrados y el respeto de los derechos de todas las partes.

Lo sucedido resulta muy grave, si analizamos que este tipo de empresas se dedican a ejercer justicia por mano propia, a cambio de dinero, sin el debido control de legalidad de los derechos que quien los contrata dice tener, sin el cuidado sobre la integridad física y mental de los menores, y violando fronteras internacionales.

La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué motivo hay padres que recurren a este tipo de procedimientos en lugar de plantear su solicitud ante un juez?

Una de las respuestas que podemos darnos es que posiblemente esos padres no estén tan seguros de contar con derecho suficiente a exigir la restitución.

Pero en el caso de padres que estén en condiciones de hacerlo, la respuesta la da la misma nota: “la desesperación de los padres por recuperar a sus hijos y la lentitud de la justicia para dar soluciones han propiciado la aparición de este tipo de negocio”.

Cabe entonces la reflexión acerca de lo que siempre hemos sostenido respecto a este tema: la urgencia que se le imprima al proceso de restitución es tan importante como las garantías que debe tener a favor de las partes.

 

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